La otra cara de la moneda

Hace dos meses os contaba la historia de un día en el que Rodri, Toni y yo fuimos a escalar con un calor asfixiante, pues hoy os voy a contar la segunda parte de la historia, que se gestó el día 28 de junio. En esta segunda parte, puede decirse eso de que segundas partes nunca fueron buenas, aunque más o menos el resultado a nivel de escalada es el mismo como podreis comprobar.

Para meternos en situación diré que la previsión meteorológica para ese sábado era de tormenta eléctrica al mediodía y probabilidad de lluvia sí o sí a lo largo de todo el día. Bien, en estas condiciones posiblemente habría que haberse encerrado en el plafón o haber buscado un buen desplome, pero cuando los proyectos están en una placa y hay ganas…

En resumen, tras haberlo dejado todo en el aire la noche del viernes, el sábado por la mañana decidimos que vale más mojarse que quedarse en casa, de modo que ahí voy con Toni una vez más a Piedranidia. Llegamos sobre las 10:30 y aunque está nublado y sopla bastante aire, parece que con suerte puede aguantar. Dejo que Toni suba por “Pacmon” para montar la “Pikolino” y ya empieza a llover. Llega arriba y como realmente solo caen cuatro gotas, deja la “Pikolino” preparada. Cuando llega al suelo decido que para mi no hay condiciones para meterme en la placa de “Al fin, el fin” y algo en el aire me dice que mejor montar directamente “Proyecto futuro” en el desplome (ese algo en el aire creo que se llama agua, aunque todavía no lo tengo muy claro). Tiro de caña y monto la polea, Toni se moja en el proceso, yo tengo suerte de estar metido en el desplome y me salvo.

Con lo que lleva lloviendo ininterrumpidamente, llegamos a la conclusión de que lo mejor es desmontar la “Pikolino” antes de que todo esté pingando y refugiarnos en el desplome. Toni para arriba sobrevirando, o lo que es lo mismo, perdiendo pies cada dos pasos. Miro para arriba y veo que llueve con ganas, una vez más tengo la suerte de que el pie de vía está un poco desplomado y no se moja, para Toni es una pena que a partir de la cuarta la vía tire “pa’lante”, así que a chupar agua. Baja y decidimos esperar un poco, cojo una fesoria y limpio el pie de vía de escayos. Cuando ya estoy contento con la limpieza, me voy a darle al proyecto, el agua da una tregua y las presas de arriba todavía se dejan coger. Le toca a Toni otra vez y ya que está en el desplome va a hacer “El vuelo en helicóptero” que junto con el proyecto que equipó Héctor es lo que le queda para tachar Piedranidia. Empieza a llover, Toni matiza la secuencia de abajo para no tener que irse a lo roto de la derecha, baja al suelo y arranca otra vez. Ahora sí que llueve de verdad, el viento mete el agua contra la pared y me alegro de haberme puesto la chupa. Aseguro sin mirar para arriba porque mirar solo vale para que se te meta la lluvia en los ojos. En un momento dado veo que la cosa está parada y miro a ver qué está pasando, veo a Toni medio metido bajo un resalte chupando más agua que una aspirante a miss camiseta mojada. La cosa prosigue hasta que finalmente encadena con algo de suspense. Bien por Toni, otra para la libreta y en unas condiciones que meten miedo.

Me toca, subo desmontando y recibiendo buenas sensaciones y también una buena dosis de agua. Al suelo, recogemos y a casa a secar. Antes de separarnos quedamos para mañana que dan agua pero en menor cantidad.

Vine, vi y me quedé (aunque a veces me apetece marcharme).

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