Jueces juzgados

Queridos reyes magos, este año quiero más huevos y menos imaginación.

Ha pasado bastante tiempo desde que publiqué en esta página, el motivo no es la sequía cerebral, ya que si bien puede que sea pobre en muchas cosas, por suerte soy prospero en ideas. Esta vez me gustaría hablar de ética.

Voy ha comenzar sincerándome, soy un mercenario. Definamos mercenario como ese escalador al que motiva machacar un proyecto y tacharlo ¿Y qué más da? Lo digo, porque vaya donde vaya, queda claro que ese modelo de escalada es negativo. Lo escucho en conversaciones en el rocata, en videos, lo leo en revistas, blogs, foros… pero a su vez esas mismas personas que critican ese enfoque, también defienden la escalada como una forma de libertad. Quizá lo peor sea el aire de superioridad que percibo, aunque puede que sea que últimamente soy muy susceptible a todo lo que me deje abierta o implicitamente en una posición de inferioridad, especialmente si se trata de inferioridad moral. Quiero decir que sobre el papel me parece cojonudo eso de escalar por el placer de escalar independientemente del grado, de que sea una repetición, una primera ascensión… pero en la práctica, siendo sincero conmigo mismo, me doy cuenta de que lo que me pone es tachar vías. Tengo un espíritu coleccionista que forma parte de mi idiosincrasia, por lo que, de momento, me resulta imposible abstraer la escalada deportiva de esa faceta de mi personalidad.

Adicto a la libreta

 

Creo que, como en todos los demás aspectos de la vida, en la escalada hace falta una evolución. No me refiero a una evolución técnica, si no filosófica. Está bien que tengamos claro que el objetivo es escalar por el placer de escalar, pero hay que llegar a ese punto. Solo puedo hablar desde mi experiencia, así que obviamente todo comentario carece de perspectiva, pero diré que supongo que algunas personas quizá escalen per se desde el principio y otros tenemos que ir quemando etapas. Pondré un ejemplo, al principio del año pasado me marqué unos objetivos (como hago cada año) que me parecían realizables pero difíciles de alcanzar. Uno de ellos era encadenar 50 vías, cosa que logré en el verano, así que me dije, “me queda casi medio año, ¿por qué no hacer 100?” y me lancé a ello. Si no recuerdo mal en Noviembre llevaba 90 vías encadenadas y de repente vi la luz. De golpe el proyecto de encadenar 100 vías carecía de sentido, me faltaban 10 y podía encadenarlas en el día si me dedicaba a hacer quintos en “La Selva” por ejemplo, así que ya no se trató de cuántas, si no de cuáles. Di un paso en la dirección correcta, pero antes tuve que pasar por esa fase de encadenador compulsivo.

Luego pensé que, como mi filosofía natural es encadenar todo lo que se me ponga a tiro sin fijarme en el grado (o mejor dicho solo fijándome para ponerme un límite superior), me planteé que también era importante el cómo se encadenaban las cosas. Cuando empecé hace 3 años, para mi era importante encadenar a vista y luchaba las vías a muerte (iba tan sumamente acojonado que pensaba que me jugaba la vida en cada pegue, literalmente), con el tiempo a medida que pasaba menos miedo me daba cuenta de que no pasaba nada por colgar, a lo que se sumó una cierta devaluación del encadene a vista (en mi escala personal, obviamente), lo que en poco tiempo se tradujo en que no pasa nada por ensayar hasta tener la vía matizada. Ahora doy pegues de más porque no suelo ir de primero hasta encadenar en polea, algunas vías llegué a encadenarlas varías veces consecutivas en polea antes de decidirme a ir de primero. Quiero decir que no he llegado al punto en que me parezca inmoral aburrir una vía hasta que se deje encadenar, ni tampoco me parece condenable escalar en polea. Resalto este aspecto, porque los “jueces de estilo” critican también este planteamiento. Ahora bien, algunos de estas voces no tienen ningún inconveniente en plantar parabolts en la pared, o incluso (dios no lo quiera), picar presas, lo que desde un punto de vista más purista es una aberración (me encanta el concepto de la pared limpia, que pena que me quede grande). Digo esto porque a la hora de juzgar, cada escalador tiene un criterio, y está claro que cuando empiezas sin tener experiencia, eres influenciable a las opiniones y las maneras de escaladores veteranos, lo que puede resultar en que veas limitada tu experiencia. Por ejemplo, sin ningún motivo yo era un escalador anticaña, sin haberla probado me parecía una guarrada. Este año la probé y vi que si bien el peligro está en el abuso, por otro lado te quita de quebraderos de cabeza, pasar miedo o tener que enviar a otro a que te monte la vía. Es decir, estaba limitando mis recursos y la posibilidad de meterme en ciertas vías, por un prejuicio. Ahora soy un adicto a la caña y tengo que encontrar el equilibrio.

Poleazo a “Estevia”

Cuando hacía referencia a que importaba el cómo encadenabas, no me refería a esto, si no a que la deportiva es un juego. Un error de los encadenadores compulsivos es el escaqueo. Pasa en algunas vías que están muy juntas ¿Dónde está el límite entre una y otra vía? ¿Por qué no puedo cojer este canto si llego a chapar? Por ejemplo, voy a mencionar un caso, en Molleo hay un 7a cuyas chapas estarán a un metro escaso de las de un 6b+, ¿dónde está el límite entre una y otra vía? Yo me impuse el límite de coger el menor número de cantos del lado del 6b+, así que decidí que usar una regleta roma lateral valía, pero el canto bueno que se encontraba un poco más a mano no, porque consideraba que el canto bueno era demasiado para el 7a. Mi punto de vista es que estás haciendo deportiva y hay que jugar, como en los pasos del rocódromo. En ocasiones el ansia de encadenar nos hace plantearnos el escaqueo, pero por mi parte intento evitarlo porque sé que no voy a poder volver a dormir tranquilo con esa carga en mi conciencia. ¿Es otro paso hacia una conciencia escaladora más depurada? Tal vez.

Lo único que quiero reflejar en este artículo, es que en un mundo en el que la palabra libertad está siempre presente, ciertos escaladores se erigen como jueces de protocolo o defensores del lado luminoso de la escalada, y que los que no somos nada los usamos como referencia de lo que vale y lo que no, pero al igual que pasa con esos padres que pretenden que sus hijos no cometan sus mismos errores y por ello tratan de cohartar su libertad, los que empezamos en la escalada con esas limitaciones corremos el peligro de ser adoctrinados y convertirnos a la larga en ese tipo de escaladores cuya única respuesta ante las preguntas del novato de porqué esto es ético y lo otro no, sea el pauperrimo “porque lo digo yo y punto”.

Vine, vi y me quedé (aunque a veces me apetece marcharme).
  1. Noelia García Díaz Responder

    Me alegro mucho de leer este artículo, claro, honesto y en el que hay reflexión, algo que, a mi juicio, escasea en este mundo nuestro de la escalada, de la montaña en general (salvo honrosas excepciones). La primera fase de todo en la vida para nutrirse y no empobrecerse con cualquier actividad, es ponerle conciencia a lo que uno hace; observar y ver cómo funciona la propia cabeza, en eso la escalada ofrece instrumentos estupendos, porque en la roca (y a pie de vía) sale lo que hay. Por eso creo que la evolución no solo es filosófica, sino vital, en la roca, como dices, no se refleja sino una estructura de nuestra personalidad que nos ha llevado hasta ese punto, sea tachar vías o sentir un desmedido fracaso por no haber encadenado x o z. El superavit de egos que pueblan el panorama escalador resulta bastante tóxico, no solo porque se nos dice a los que no llevamos tanto, nosotras y vosotros, todos, qué, cómo y de qué manera hay que hacer las cosas. Luego, efectivamente, uno se encuentra con que esa supuesta ética no es más que una bolsa llena de normas (jamás propias y nunca conquistadas por uno) que vienen a colmar la falta de identidad de muchos, identidad que pretenden absorber de la práctica de la escalada por la supuesta imagen que ofrece.
    Gracias por el artículo, creo que, en el mejor sentido del término, aporta y nutre.
    Un saludo

  2. Berto Xuan Responder

    Perbon articulu. Fai entrugase munches cosines alrodiu la escalada y muncho sinon casi too de lo que dices tien muncho sentio y muncha razón.

    Ye perdificile dixebrar la escalada por diversión y por escalar, del tachar. Yo considerome un tacha montes y un tacha vies… Hasta’l puntu de nun tocar un grau de via más altu nuna escuela hasta que nun encadeno toles de grau inferior.

    Supongo que caun tien el so xeitu pa cola escalada, poro caun tien que ser consecuente coles sos formes y sos actuaciones ensin influyir nos demás.

    A la fin… Caun apunta na so llibreta ensin competir colos demás, namás que col pare y consigo mesmu
    Un abrazu

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