de cirigüeya sobre un pie de estevia y otras vias políticamente incorrectas de Piedranidia

 

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Veinticinco años, dos meses y 15 dias del encadenamiento al rot punkt de mi primera via de octavo grado, hoy dia 20 de abril de 2017, después de dos meses sin apenas escalar en roca y ddedicarme a las ascensiones invernales, encadeno la, de momento mi última vía de ese mismo grado con el rot punkt de El Injerto, una combinación de dos vías, pues entra por la Estevia, hasta su quinta chapa y de ahí, con una muy corta y lógica travesía empalma con la Cirigüeya, que arrancando desde el suelo no mereció nuestra atención, hasta su reunión sumando cinco chapas más. La combinación de estas dos vías, que después de mucho pensar y consultar…, da como resultado una bella y potente vía de 8a+, a la espera de posibles repeticiones que puedan confirmar o desmentir ese grado.

Quedando así completa para nosotros, la que hasta hoy ha llenado tantas horas de diversión y sufrimiento, pared de Piedranidia en Nava y cerrando el ciclo que se abrió con sus primeras vías, ahora hace unos 5 o 6 años.

el injerto

Aprovecho la ocasión para presentar un par de reseñas más de vías a las que llamo políticamente incorrectas o vías para no explicar ni recomendar a nadie, sin crearle problemas de conciencia al propio encadenador.

La primera es una travesía ascendente de izquierda a derecha por el desplome, donde se encuentra la vía anterior, con la característica que lo surca por su punto más débil, consiguiendo así la vía larga y sorprendentemente más fácil de todo el desplome, la via se llama TiM (terra i mar) en honor a esos pioneros catalanes de la escalada de la ciudad de Sabadell, por su lógica en todas sus realizaciones en las paredes de Montserrat.

La segunda es una línea que combina dos itinerarios ya existentes, Picolino y Nachupichu con un pequeño tramo de unión entre las dos, con la salvedad de que la sensación en la escalada no es el de realizar una ni la otra, sino una via totalmente distinta a las dos gracias  a la tan fácil y básica opción de autoprotegerla con friends, convirtiendola en una más que interesante realización de escalada tradicional, su nombre tan fácil como su evidente forma de poder escalarla, Pikopitxu.

 

tim

 

 

pikopitxu

 

 

 

 

 

 

Cuánto tiempo ¿verdad?

Hoy recibí un mail preguntándome sobre la aprobación de algunos comentarios que teníamos en varias entradas (un par de ellos en inglés hablando sobre si Alonso iba a fichar por no sé quién, así que me imagino que hubo algún tipo de error) y recordé que existía esto y al entrar a los comentarios vi que había unos cuantos, algunos tan positivos que creo que desarrollé superego. La cuestión es que me pregunté por qué hace tanto que no comparto nada con vosotros. Lo primero es que siempre me pareció superfluo todo lo que pudiese escribir, seguro que hay otros que lo escriben mejor y con más conocimiento de causa y la sospecha de que lo único que hacía era exhibirme y buscar autocomplacerme siempre me alejaba del teclado. Pero esto no es algo que no pueda dejarse de lado, sobre todo cuando resulta que hay alguien que te lee, ya no escribes solo para ti y eso está bien, le da cierto sentido al acto en sí. Así que lo que realmente me ha mantenido alejado de este blog ha sido por una parte el hecho de que nadie más escriba aquí, de modo que siento que tengo que tirar de un carro que es de todos (no os culpo, conozco la dificutad que conlleva) y por otra la falta de motivación, ese momento en que te preguntas ¿para qué?

Como este blog está dedicado a la escalada (y a robaros unos minutos de vuestro tiempo) y no a aliviar mis penas tendré que meter algo relacionado para dar el pego. Que importante es la motivación para todo en la vida, llegas al rocódromo y te enteras de que Pantiga lo deja y alucinas. Hector también. Hablas con otro que se pasa al culturismo, otro al trail, otro al descenso en mountain-bike. Alguno pasa de entrenar 3 días a la semana y salir a roca todo lo que puede, a ir de vez en cuando a roca y no tocar el plástico. Si estás motivado a escalar puede que no lo entiendas, te sorprenda y hasta puede que te sientas un poco traicionado. Pero luego te das cuenta que son ciclos (Pantiga ya está con nosotros otra vez, Iván pasó el otro día por el Puntu y Pires vuelve a entrenar en el CENTARME) y te hace admirar más a las personas que ves que llevan años dándose lija sin parar (es que no lo regalan neno).

Lo único que quiero decir es que puede que esteis pasando o vayais a pasar por algún momento en vuestra vida en que os planteeis dejar de escalar y que os produzca rechazo la idea (yo no recupero el nivel óptimo de motivación desde hace un tiempo y de mano sentía que fallaba a la gente con la que salía a roca), no pasa nada, teneis el gusano metido dentro y si vuelve la ilusión por la roca o por ir al rocodromo a hacer unos pasos o a hacer callo en las “traves”, ahí estamos.

Quiero terminar esta especie de homilía compartiendo con vosotros un truco que me dijo Nano al poco de empezar: al rocódromo se va a divertirse (estábamos en el rocata, me imagino que será extensible a la escalada en sí). Hay épocas en que no estás motivado (igual habeis tenido temporadas en las que preferiríais arrastraros que caminar, así que como para escalar están las cosas) y no te lo pasas tan bien pero está claro que si te enganchó la escalada la ilusión volverá.

Fuerza y ánimo para todo el mundo.

Saludos a todos. Llevo tiempo dándole vueltas a varias historias que me gustaría contar (algunas polémicas, otras divertidas y otras ni lo uno ni lo otro), pero por un motivo u otro me pareció que no merecía la pena, que nada de lo que pudiese contar iba a aportar algo y siempre es más cómodo y menos expuesto guardar silencio, pero esta semana he leído un par de libros sobre escalada y en uno de ellos, “Wolfgang Güllich, una vida en la vertical“, he encontrado sorprendentemente el concepto del pinkpoint.

Además he aprendido cosas como hangdogging (el poleazo de toda la vida), el rotkreis (encadenar en yoyó) o el auténtico significado de escalar en yoyó según los pioneros de la deportiva, y todos estos nuevos conceptos me han motivado lo suficiente como para sentarme a escribir, más que nada porque me imagino que habrá más personas que, como yo, desconozcan estos términos y que a alguno le puede resultar interesante este artículo.

Voy a ir al ajo, el pinkpoint por supuesto no tiene nada que ver con mi concepto revolucionario, si no que es como llaman a los encadenes por abajo con las cintas puestas, que al parecer en la época de los 80´s se practicaba en Francia (si no recuerdo mal en Buoux), así que sí, según Kurt Albert y compañía, cuando enchufáis con las cintas puestas no vais al rotpunkt (que nadie se deprima, a día de hoy no somos tan estrictos con la ética, o puede decirse que se ha generalizado esta práctica y no se hace diferenciación, a pesar de que todos sabemos que enchufar poniendo cintas es otra historia).

Me sorprendió también el descubrir que escalar en yoyó consistía en ir de primero y cuando pringas, bajas al reposo natural más cercano y arrancas desde allí (dice Tilmann Hepp que para ser purista lo harías con los ojos cerrados), de manera que no te colgarías a ensayar el paso que pringaste y llegarías al paso a pringar otra vez y por eso lo del yoyó, porque subes, llegas al paso, caes y abajo, así una y otra vez hasta que lo saques, de modo que la imagen es de un tío que sube y baja una y otra vez. Pues bien, los encadenes así conseguidos se los apuntaban en rotkreis (círculo rojo).

Respecto al hangdogging, es lo que llamamos estudiar la vía en polea, práctica muy mal vista por Bachar, Bridwell y demás. Si te dedicas a encadenar en polea a pesar de tener el método (que por cierto en inglés se llama beta), es ya algo patológico.

Lo cierto es que leer sobre las vidas de estos escaladores tan notables y su ética tan estricta, así como su forma de entender la escalada me hace plantearme ciertas cosas de mi estilo.

Un saludo, leed algo que merezca la pena.

 

El domingo 25 de octubre, dábamos por acabado, al menos por nuestra parte, el reequipamiento del sector Satisfaction de Peña Careses; teniendo en cuenta que algunas vías del sector ya lo estaban con una serie de químicos (como el sector de La Zeta) y mezclas extravagantes de químicos con parabolts, aunque basado en un dudoso criterio… y sin retirar el material antiguo en muchas ocasiones.

Digo por nuestra parte, por si alguien tiene algo que decir a nuestra labor y en caso de haber cometido alguna equivocación causada por el desconocimiento de la historia y posterior evolución del sector, que muchos de vosotros conoceréis con precisión mucho mejor que nosotros, como por cualquier otro motivo, poder subsanarlo y no dejarlo pa otro día, como se suele decir.

Todo ha sido equipado utilizando parabolts, chapas y reuniones inoxidables de 10 mm de diámetro, excepto El acorazado Potemkin donde hemos usado parabolts de 12 mm. Todas las vías han sido repetidas por nosotros (la mayoría antes de reequipar) y han sido hechas y graduadas sin hacer la única reunión intermedia que existía, la de las vías Un spit para morir y La peseta, y es así como las hemos reseñado.

El don del águila, ha sido decotada a 6b+, según nuestro criterio, cosa que se nos hace muy rara pues solíamos coincidir con los grados anteriores, es por eso que tenemos alguna duda de que no nos hayamos escaqueado en algún tramo… Eso mismo nos ha pasado con Atenea, que después de una buena limpieza pasamos a considerar que no pasaba de 6b, y la hicimos llegar a la reunión de la anterior vía en vez de a la de Caravana de Hormigas como marcaban los químicos, pues en los croquis viejos parece que cada una de estas vías tenía su propia reunión, pero no sabemos dónde podría estar la que nos falta de las tres.

Detalle reequipamiento

Inténtalo sin ella, es la única vía de químicos que hemos tocado, en el único sitio donde no se cambió un seguro por otro, quitando un químico y colocando dos parabolts donde antes había dos seguros viejos.

El acorazado Potemkin, según los croquis antiguos salía de la reunión de Un spit para morir hacia la derecha. A nosotros nos pareció más lógico e incluso más estético empezarla por La ruta de los pioneros y seguir por el diedro hasta enlazar con ella. Es por eso la única que tiene parabolts del 12, para diferenciarla de La ruta de los pioneros.

La ruta de los pioneros, ha sido reequipada intentando corregir en lo posible los zig-zags de la cuerdas causados por los antiguos seguros y evitar el roce; esto no debe hacernos olvidar que la vía está abierta con un concepto clásico de la escalada y que transcurre siempre por lo más fácil, tanto a un lado como a otro de los parabolts.

Después de esta justificación de lo que hemos hecho, sólo nos falta agradecer a aquellos particulares que han aportado material para que no tuviéramos que ponerlo todo de nuestro bolsillo, y deciros que el objetivo se cumplió pues poco hubo que añadir en este sentido; nosotros además ya pusimos las horas de trabajo, el polvo tragado y por el sudor pegado y la ilusión del redescubrimiento. También agradecer a los que nos ofrecieron su trabajo, aunque no os avisáramos… por ningún otro motivo que no fuera nuestra propia desorganización e improvisación a la hora para ir. Para terminar, quisiera pedir a los que no colaborasteis, que lo hagáis ahora, gastando, usando y disfrutando de este nuevo material. Muchos de vosotros sé que habéis escalado un montón de veces estas rutas, pero sé también que hace unos cuantos años que no las repetís, y ahí están esas buenísimas vías de este magnífico sector, en esta pequeña, enorme y cercana escuela de Careses.

Buenas escaladas y mejores saques,

Los reequipadores

Croquis Satisfaction

Hola a todo el mundo, y lo digo literalmente, ya que en este artículo presentaré una nueva filosofía en la escalada que supondrá una transgresión de todos los cánones que limitan nuestra actividad montañera. He decidido publicar algo tan trascendente para nuestro mundillo en este medio, en lugar de usar otros de mayor peso y difusión, porque es una forma de demostrar mi inquebrantable lealtad al club que me inicio en esta actividad y que me aportó las bases para llegar a idear un concepto que es el más puntero, aunque esté mal que lo diga yo, en la historia del montañismo.

Cuando Kurt Albert y compañía desarrollaron el concepto de rotpunkt, supuso una revolución en la forma de pensar, de la ética y del estilo de entender la escalada. Todos conocéis la historia, así que no voy a ahondar en ella. Lo que tengo que decir es que lo que un día fue revolucionario, con el tiempo se ha convertido en dogma y, por supuesto, llega una hora en que los visionarios tienen que ponerse a trabajar para dar otra vuelta de tuerca a este deporte. Por ejemplo, aparece la idea del punto verde que consiste en hacer rutas de deportiva con seguros flotantes. También está la iniciativa de escalada en chapas negras, que se asimila a la anterior, aunque a mi entender son conceptos parejos pero no idénticos, ya que en la chapa negra lo que se decide es proteger con seguros flotantes donde se pueda en lugar de usar las chapas, las cuales se pintan de negro para que se sepa que son seguros prescindibles, pero usando las chapas allí donde no se pueda proteger. Estas modalidades de escalada buscan un acercamiento de la escalada clásica a la deportiva e implican un mayor compromiso.

Ahora bien, a mi entender hay un aspecto nada explotado, un nicho que espera ser ocupado, motivo por el que desarrollo el concepto del punto rosa. El punto rosa es una filosofía que inicialmente va desarrollándose en el rocódromo como consecuencia de la necesidad de no quedarnos atascados en un paso; de este modo decidimos que cuando se pone un paso, en cuanto una persona lo hace, puedes darle un pegue más, pero toca cambiar. Lo damos por hecho.

Cálculos para hacer un punto rosa

Dar el paso de extrapolar a la roca este revolucionario enfoque fue bastante difícil, pero al final pude superar el miedo a las críticas por hacer algo diferente y me lancé a ello. Los motivos que me llevaron a tomar esta decisión son múltiples. Por una parte la comodidad ante todo, ya que no me gusta nada cuando estamos en una escuela moverme de una vía a otra, me parece un incordio. Además, una de las cosas que más me gustan es alternar pegues, descifrar la vía con otra persona, así que cuando mi compañero enchufa y me quedo solo, lo único que me motiva para seguir dando pegues es no marcharme sin una vía que mi compañero de cordada pudo encadenar. ¿No sería más divertido y más cómodo pasar página y centrarse en la siguiente vía? Para mí sí lo es, de modo que decidí crear el concepto punto rosa que consiste en que si varios escaladores están probando una vía, con que uno encadene todos se pueden apuntar la vía en este estilo. La grandeza, desde mi humilde punto de vista, de esta nueva forma de entender la escalada, es que te permite hacer lo que más placer produce del hecho de escalar, que no es la escalada en sí, si no el apuntarte la vía. Gracias a este insólito enfoque la frustración ya no tiene cabida en nuestro medio.

De momento llevo unas 50 vías encadenadas así, y este año espero dar un gran salto en el grado y el número de encadenes, ya que mirando hacia atrás, los proyectos que me quedaron pendientes los tendría en la libreta; no obstante, debido a mi gran respeto por la ética, prefiero dejarlos sin encadenar y con suerte este año podremos hacerlos.

Sé que algunos me criticarán, pero es algo que pasa cuando una nueva idea sacude los cimientos de todo aquello en lo que creemos. Me hago a la idea de que en un primer momento serán pocos los que comprenderán y respetarán este nuevo estilo de entender la escalada, pero espero que con el tiempo sea más popular que el rotpunkt.

Queridos reyes magos, este año quiero más huevos y menos imaginación.

Ha pasado bastante tiempo desde que publiqué en esta página, el motivo no es la sequía cerebral, ya que si bien puede que sea pobre en muchas cosas, por suerte soy prospero en ideas. Esta vez me gustaría hablar de ética.

Voy ha comenzar sincerándome, soy un mercenario. Definamos mercenario como ese escalador al que motiva machacar un proyecto y tacharlo ¿Y qué más da? Lo digo, porque vaya donde vaya, queda claro que ese modelo de escalada es negativo. Lo escucho en conversaciones en el rocata, en videos, lo leo en revistas, blogs, foros… pero a su vez esas mismas personas que critican ese enfoque, también defienden la escalada como una forma de libertad. Quizá lo peor sea el aire de superioridad que percibo, aunque puede que sea que últimamente soy muy susceptible a todo lo que me deje abierta o implicitamente en una posición de inferioridad, especialmente si se trata de inferioridad moral. Quiero decir que sobre el papel me parece cojonudo eso de escalar por el placer de escalar independientemente del grado, de que sea una repetición, una primera ascensión… pero en la práctica, siendo sincero conmigo mismo, me doy cuenta de que lo que me pone es tachar vías. Tengo un espíritu coleccionista que forma parte de mi idiosincrasia, por lo que, de momento, me resulta imposible abstraer la escalada deportiva de esa faceta de mi personalidad.

Adicto a la libreta

 

Creo que, como en todos los demás aspectos de la vida, en la escalada hace falta una evolución. No me refiero a una evolución técnica, si no filosófica. Está bien que tengamos claro que el objetivo es escalar por el placer de escalar, pero hay que llegar a ese punto. Solo puedo hablar desde mi experiencia, así que obviamente todo comentario carece de perspectiva, pero diré que supongo que algunas personas quizá escalen per se desde el principio y otros tenemos que ir quemando etapas. Pondré un ejemplo, al principio del año pasado me marqué unos objetivos (como hago cada año) que me parecían realizables pero difíciles de alcanzar. Uno de ellos era encadenar 50 vías, cosa que logré en el verano, así que me dije, “me queda casi medio año, ¿por qué no hacer 100?” y me lancé a ello. Si no recuerdo mal en Noviembre llevaba 90 vías encadenadas y de repente vi la luz. De golpe el proyecto de encadenar 100 vías carecía de sentido, me faltaban 10 y podía encadenarlas en el día si me dedicaba a hacer quintos en “La Selva” por ejemplo, así que ya no se trató de cuántas, si no de cuáles. Di un paso en la dirección correcta, pero antes tuve que pasar por esa fase de encadenador compulsivo.

Luego pensé que, como mi filosofía natural es encadenar todo lo que se me ponga a tiro sin fijarme en el grado (o mejor dicho solo fijándome para ponerme un límite superior), me planteé que también era importante el cómo se encadenaban las cosas. Cuando empecé hace 3 años, para mi era importante encadenar a vista y luchaba las vías a muerte (iba tan sumamente acojonado que pensaba que me jugaba la vida en cada pegue, literalmente), con el tiempo a medida que pasaba menos miedo me daba cuenta de que no pasaba nada por colgar, a lo que se sumó una cierta devaluación del encadene a vista (en mi escala personal, obviamente), lo que en poco tiempo se tradujo en que no pasa nada por ensayar hasta tener la vía matizada. Ahora doy pegues de más porque no suelo ir de primero hasta encadenar en polea, algunas vías llegué a encadenarlas varías veces consecutivas en polea antes de decidirme a ir de primero. Quiero decir que no he llegado al punto en que me parezca inmoral aburrir una vía hasta que se deje encadenar, ni tampoco me parece condenable escalar en polea. Resalto este aspecto, porque los “jueces de estilo” critican también este planteamiento. Ahora bien, algunos de estas voces no tienen ningún inconveniente en plantar parabolts en la pared, o incluso (dios no lo quiera), picar presas, lo que desde un punto de vista más purista es una aberración (me encanta el concepto de la pared limpia, que pena que me quede grande). Digo esto porque a la hora de juzgar, cada escalador tiene un criterio, y está claro que cuando empiezas sin tener experiencia, eres influenciable a las opiniones y las maneras de escaladores veteranos, lo que puede resultar en que veas limitada tu experiencia. Por ejemplo, sin ningún motivo yo era un escalador anticaña, sin haberla probado me parecía una guarrada. Este año la probé y vi que si bien el peligro está en el abuso, por otro lado te quita de quebraderos de cabeza, pasar miedo o tener que enviar a otro a que te monte la vía. Es decir, estaba limitando mis recursos y la posibilidad de meterme en ciertas vías, por un prejuicio. Ahora soy un adicto a la caña y tengo que encontrar el equilibrio.

Poleazo a “Estevia”

Cuando hacía referencia a que importaba el cómo encadenabas, no me refería a esto, si no a que la deportiva es un juego. Un error de los encadenadores compulsivos es el escaqueo. Pasa en algunas vías que están muy juntas ¿Dónde está el límite entre una y otra vía? ¿Por qué no puedo cojer este canto si llego a chapar? Por ejemplo, voy a mencionar un caso, en Molleo hay un 7a cuyas chapas estarán a un metro escaso de las de un 6b+, ¿dónde está el límite entre una y otra vía? Yo me impuse el límite de coger el menor número de cantos del lado del 6b+, así que decidí que usar una regleta roma lateral valía, pero el canto bueno que se encontraba un poco más a mano no, porque consideraba que el canto bueno era demasiado para el 7a. Mi punto de vista es que estás haciendo deportiva y hay que jugar, como en los pasos del rocódromo. En ocasiones el ansia de encadenar nos hace plantearnos el escaqueo, pero por mi parte intento evitarlo porque sé que no voy a poder volver a dormir tranquilo con esa carga en mi conciencia. ¿Es otro paso hacia una conciencia escaladora más depurada? Tal vez.

Lo único que quiero reflejar en este artículo, es que en un mundo en el que la palabra libertad está siempre presente, ciertos escaladores se erigen como jueces de protocolo o defensores del lado luminoso de la escalada, y que los que no somos nada los usamos como referencia de lo que vale y lo que no, pero al igual que pasa con esos padres que pretenden que sus hijos no cometan sus mismos errores y por ello tratan de cohartar su libertad, los que empezamos en la escalada con esas limitaciones corremos el peligro de ser adoctrinados y convertirnos a la larga en ese tipo de escaladores cuya única respuesta ante las preguntas del novato de porqué esto es ético y lo otro no, sea el pauperrimo “porque lo digo yo y punto”.

Buenos días sufridos lectores, hay ocasiones en que escribir aquí es casi una obigación, para que la cosa no esté parada, pero hoy no es el caso. Este texto se debe a un impulso de compartir, que en un animal tan gregario como los humanos es algo completamente natural. Ese es el filón de las redes sociales. Existen todo tipo de perfiles, yo creo que me incluyo en los que pasan bastante de publicar, pero no es porque no se me ocurran cosas o no me apetezca, muchas veces escribo una entrada en facebook pero antes de publicarla pienso que no aporta nada y la descarto. De mano tengo la necesidad de compartir algo, pero luego me freno. Esta es una de esas entradas que nunca deberían ver la luz.

Ahora que estais prevenidos, vamos al lio. La pasada semana se celebraró en Gijón el campeonato del mundo de escalada en las modalidades de dificultad, paraescalada y velocidad y allí nos plantamos Rodri y yo el sábado por la mañana para ver las semis de dificultad. ¡Vaya pasada! Nos sentamos abajo, casi a pie de vía, entre los componentes de los equipos y la verdad es que mereció la pena. Luego de tarde marchamos a Otura a volver a poner los pies en el suelo (los míos, Rodri como siempre, impecable). El domingo por la mañana viaje a Piedranidia a que Toni le diese al proyecto y a probar “Sinergia pura”. Toni bien, tras dos semanas de parón viene con ganas, Rodri hace un par de vías y prueba la sinergia y yo le meto dos poleazos y al segundo veo que la tengo, pero estamos sobre la bocina para ir a comer y salir a ver la final de dificultad, así que a plegar y a pensar en que el finde siguiente hay que volver a enchufar. Llega una comitiva del Puntu Collorau al palacio de los deportes de Gijón y disfrutamos del espectáculo.

 

Semifinales del Campeonato del Mundo de Escalada de Dificultad.                                                Foto: Rodrigo Álvarez Casielles

 

Hoy por la mañana viaje a Manzaneda a ver si Rodri saca “Yoreu”. Por mi parte, tras hacer “Conde Nosferatu”, me meto con él en “Yoreu”. El primer poleazo aprieto la secuencia de las regletas hasta que me duelen las poleas una barbaridad y como no veo la manera de hacerla me salto esa parte, pero luego saco con relativa facilidad lo de arriba. Me bajo diciéndole a Rodri que es la vía más dura que haya probado. Al segundo poleazo saco el tramo de las regletas no se sabe cómo y pringo en el movimiento para llegar al cazo salvador por falta de un pie, que luego descubro que estaba justo bajo la regleta que estaba intentando pisar. Pruebo con ese pie y me sale, sigo para arriba y me hago la picha un lio al saltarme una presa, así que vuelvo a colgar. Recuerdo la secuencia y me lo hago. Marcho bastante convencido de que la tengo y muy, pero que muy satisfecho.

Ya os he advertido de que este escrito era totalmente superfluo y nacía de la necesidad de contarle a alguien cómo había ido el día. Como parece que el título no tiene mucho que ver con el texto, me siento en la necesidad de explicarme: motivación es lo que siento al pensar en lo bien que me fue en “Yoreu”, motivación en mi caso aparece al tener vías a punto, a lo mejor no es motivación y es ansiedad, lo ignoro, pero lo que tengo claro es que sea lo que sea, hace que pensar en que hasta el domingo no iré a Nava y que a saber cuándo volvemos a la Ruda, sea un calvario. Pero también hace que mentalmente repase los pasos (aunque no me los sé porque dos pegues no me dan para tanto, pero me mola imaginarme que sí) y que tenga ganas de más. Celebro que como contrapartida a los días malos en que la cabeza falla, la piel no te deja, los gatos te abrasan, no te salen los pasos que te salían ayer y todos esos pequeños detalles que pueden llegar a ensombrecer el placer de escalar, haya días buenos en los que pensar en salir otra vez te dibuje una sonrisa.

Hola a todo el mundo, una vez más me aventuro a publicar un texto para intentar entreteneros un rato.

Acabo de llegar a casa tras una hora y media encerrado en el tablón un día espléndido como hoy y quiero aprovechar a escribir esto mientras espero a que el calor afloje y me permita pasear a la jauría.

Estos meses dedicado a la escalada en roca han resultado muy fructíferos, conseguí cumplir con meses de antelación todos los objetivos del año: número de encadenes, subir el grado a vista y ensayado, hacer algo de tapia y mejorar en general (falta el apartado bloque en el que tengo un “no presentado”). Mientras se iba desarrollando el verano, el nivel de motivación hacía que mentalmente calculase lo que podría mejorar encerrándome en el rocodromo e iba pensando en el entrenamiento de cara al año que viene; calculaba días de entreno, descansos, qué iba a entrenar cada día, calentamientos, estiramientos, pesas, resistencia, continuidad, renegar de los pasos, campus… puede parecer una locura que en lugar de disfrutar del momento tan bueno que estoy viviendo, me dedique a planificar de cara al año que viene, pero así soy yo, adicto a la presciencia.

La cuestión es que tras encadenar el viernes por la mañana “L’emigrant” en Piedranidia (vía muy recomendable, creo que de lo mejor que hice hasta el momento), la ausencia de un objetivo definido combinado con salir a roca de forma rutinaria, me dejaba un poco bajo de motivación.

Este era mi estado anímico cuando hoy me vi obligado a ir al rocódromo. Salí de casa motivado, pensando en hacer 10 traves de 40 con 4 minutos de descanso en presa grande y mediana como primera toma de contacto con el planning que me reservo para el invierno. Llegué al Puntu Collorau a las 16:00 y verme encerrado allí solo, fue una primera prueba a mi fuerza de voluntad; mirar por la ventana, ver ese soleado día que en una pared a la sombra permitiría estar de lujo y saber que mi destino era sufrir en un plafón asfixiante, supuso ya de mano una merma en la motivación bastante severa. Pero como no era mi intención estar una semana sin escalar… luces, música y acción.

Foto de archivo para los que no recordáis cómo es el tablón (¡cabrones!)

Ya la primera travesía me recordó que coger jarros en el rocata te deja las manos convertidas en un callus horribilis, así que para olvidar escribo con magnesio nombres de vías encadenadas y por encadenar, además de alguna chorrada del tipo “sube pies” o “empotra la rodilla”. Sigo la rutina y cuando llevo 5 traves llega Rubén, ¡HURRA! Se acaba el monólogo mental, ya no es tan jodido entrenar en el plafón, se acabó estar solo, pero como contrapartida llega la segunda prueba a la fuerza de voluntad, ¿por qué seguir entrenando “conti” cuando puedo dedicarme a hacer pasos y pasarlo en grande sufriendo menos? Rubén pregunta lo que estoy entrenando y con mi cara más seria digo que travesías, nada de pasos, prohibido, segunda bajada de motivación del día. Yo a lo mío hasta que el cuerpo (¿o la cabeza?) no da más de sí y entonces en lugar de subir el tiempo de descanso y acabar las series me concedo hacer media hora de pasos.

Así tiramos hasta las 17:30 hora límite y ahora en casa pienso mientras escribo esto entre dolores de piel y un poco de dolor en las muñecas, que engancharse a la roca es jodido porque al final tarde o temprano siempre vuelves al rocódromo, pero sabiendo que no te puede ofrecer ninguna satisfacción real. Antes me motivaba sacar pasos (me acordaba de todos durante semanas), cumplir con  las travesías y entrenar cada vez más duro, ahora nada de eso me motiva, quizá sea esa la causa de que escriba nombres de vías en la madera. Cuando me siento a descansar leo esos nombres y recuerdo que estoy allí para conseguir algo, que la verdad está ahí  afuera y que merece la pena machacarse.

Hace dos meses os contaba la historia de un día en el que Rodri, Toni y yo fuimos a escalar con un calor asfixiante, pues hoy os voy a contar la segunda parte de la historia, que se gestó el día 28 de junio. En esta segunda parte, puede decirse eso de que segundas partes nunca fueron buenas, aunque más o menos el resultado a nivel de escalada es el mismo como podreis comprobar.

Para meternos en situación diré que la previsión meteorológica para ese sábado era de tormenta eléctrica al mediodía y probabilidad de lluvia sí o sí a lo largo de todo el día. Bien, en estas condiciones posiblemente habría que haberse encerrado en el plafón o haber buscado un buen desplome, pero cuando los proyectos están en una placa y hay ganas…

En resumen, tras haberlo dejado todo en el aire la noche del viernes, el sábado por la mañana decidimos que vale más mojarse que quedarse en casa, de modo que ahí voy con Toni una vez más a Piedranidia. Llegamos sobre las 10:30 y aunque está nublado y sopla bastante aire, parece que con suerte puede aguantar. Dejo que Toni suba por “Pacmon” para montar la “Pikolino” y ya empieza a llover. Llega arriba y como realmente solo caen cuatro gotas, deja la “Pikolino” preparada. Cuando llega al suelo decido que para mi no hay condiciones para meterme en la placa de “Al fin, el fin” y algo en el aire me dice que mejor montar directamente “Proyecto futuro” en el desplome (ese algo en el aire creo que se llama agua, aunque todavía no lo tengo muy claro). Tiro de caña y monto la polea, Toni se moja en el proceso, yo tengo suerte de estar metido en el desplome y me salvo.

Con lo que lleva lloviendo ininterrumpidamente, llegamos a la conclusión de que lo mejor es desmontar la “Pikolino” antes de que todo esté pingando y refugiarnos en el desplome. Toni para arriba sobrevirando, o lo que es lo mismo, perdiendo pies cada dos pasos. Miro para arriba y veo que llueve con ganas, una vez más tengo la suerte de que el pie de vía está un poco desplomado y no se moja, para Toni es una pena que a partir de la cuarta la vía tire “pa’lante”, así que a chupar agua. Baja y decidimos esperar un poco, cojo una fesoria y limpio el pie de vía de escayos. Cuando ya estoy contento con la limpieza, me voy a darle al proyecto, el agua da una tregua y las presas de arriba todavía se dejan coger. Le toca a Toni otra vez y ya que está en el desplome va a hacer “El vuelo en helicóptero” que junto con el proyecto que equipó Héctor es lo que le queda para tachar Piedranidia. Empieza a llover, Toni matiza la secuencia de abajo para no tener que irse a lo roto de la derecha, baja al suelo y arranca otra vez. Ahora sí que llueve de verdad, el viento mete el agua contra la pared y me alegro de haberme puesto la chupa. Aseguro sin mirar para arriba porque mirar solo vale para que se te meta la lluvia en los ojos. En un momento dado veo que la cosa está parada y miro a ver qué está pasando, veo a Toni medio metido bajo un resalte chupando más agua que una aspirante a miss camiseta mojada. La cosa prosigue hasta que finalmente encadena con algo de suspense. Bien por Toni, otra para la libreta y en unas condiciones que meten miedo.

Me toca, subo desmontando y recibiendo buenas sensaciones y también una buena dosis de agua. Al suelo, recogemos y a casa a secar. Antes de separarnos quedamos para mañana que dan agua pero en menor cantidad.

El otro día fuimos a hacer algo de clásica, voy a poneros en antecedentes para crear un poco de ambiente. El año 2012 Pelayo me dice que teníamos que subir al Picu y por la razón que fuera este año me vi capacitado, así que le recordé su oferta. Pasa el tiempo y asumo que al final no vamos a ir, hasta que el miércoles día 15 me llega un whatsapp que dice “Mira a ver el jueves pa subir el picu” y ya me disparo. Es como una huida hacia adelante, tras avisar a Pela de que no estoy bien de cabeza y recibir sus garantías de que no hay fallo, todo consiste en no pensar mucho en dónde me voy a meter y cantar “todo por la tapiaaaa, tiroriro, aprieta, aprieta hasta la reunión” al ritmo del tema de Siniestro Total “Todo por la napia”. Al final de todos modos, por cuestiones climatológicas decidimos que mejor pasar a León y el destino es la peña del Pincuejo en Barrios de Luna.

Miro la guía y veo que hay 2 líneas que podremos escalar sin problema e incluso una tercera si nos vemos bien. Pienso todo esto mientras me voy poniendo más nervioso, así que al rocata a tranquilizarse y ultimar detalles con Pela.

 

Al día siguiente llegamos a la pared y en el merendero toca desplegar la cacharrería y recibo un cursillo acelerado de asegurar con placa, friends, fisureros, nudos, escalada con dos cuerdas… para ser más concretos lo único que tengo claro es cómo se ponen los gatos. Pongo especial atención en practicar el dar cuerda y bloquear y confío en que lo demás ya lo iré aprendiendo según me vaya haciendo falta.

Nos decidimos por el Espolón Pioneros por ser la más sencilla y porque todavía estaba parcialmente a la sombra. Tira Pela de primero y en la primera reunión recibo un cursillo acelerado sobre montar reuniones. Todo claro, así que Pela sigue de primero y vamos tirando, entra otra cordada a la vía y me preocupa que nos cojan. Tercer largo todo bien, pero en un diedro-fisura se me pira un pie y cuelgo, me recompongo y arriba. En la tercera reunión comprobamos que la otra cordada está todavía en el primer largo, así que no nos vamos a molestar. Arriba Pela a por el último largo y yo detrás.

Acabamos la vía y toca aprender a bajar, recuerdo el dato que me dio Rodri en su día de que el rapel era la operación en la que se producían más accidentes y tiro para abajo, para no pensar en ello, una vez que veo que no es nada del otro mundo, empiezo a tararear una canción que voy improvisando sobre la marcha, siempre atento a no soltar la cuerda.

 

Abriendo el “Espolón pioneros”

 

Llegamos al suelo a las 15:30 y como el sol lleva cascando fuerte desde el segundo largo y no llevábamos crema protectora tenemos ya un preocupante tono rojo fuego en la nuca y el brazo izquierdo. Nos sentamos en el merendero a disfrutar de la comida y echamos en falta un árbol que nos dé algo de sombra. Nos tomamos la pausa con mucha calma porque el calor es agobiante (a la tableta de chocolate que lleva Pela sólo le faltan los churros) y no nos vemos metidos en la pared en esas condiciones. Al final, ya que estamos allí, nos decidimos a repetir vía, a ver si me animo a ir de primero en el primer largo, del cual había comentado que me veía haciéndolo en libre (es un III+), y de paso a ver si no cuelgo en ningún largo.

 

Pela me pasa el material y alucino con la cantidad de “fierro” con la que cargo, clase rápida de cacharros, que básicamente se reduce a cintas largas cuando el fisurero queda muy metido para que la cuerda no lo saque y recordar otra de las enseñanzas de Rodri, en la tapia no se puede volar. Con la bendición de Pela me meto a ello.

Cuando llevo unos metros Pela me comenta que igual era hora de meter algo, así que a buscar el sitio y el cacharro que le toca. La verdad es que la vía permite meter lo que quieras y más, pero con mi nula experiencia pruebo con uno y con otro y al final me decido por un friend que parece que me cuesta menos poner en su sitio. Sigo subiendo y descubro que eso que dicen de que metes algo cuando te lo pide la cabeza es verdad, llega un momento en que llega un mensaje claro a mi mente de que “toca poner algo”, una vez más busco y acabo sacrificando otro friend.

Para arriba hasta que una vez más el cacharrosentido me dice que hace mucho que no pongo nada en la pared. Pruebo un fisurero y otro y no doy con la manera de meterlo, pruebo con los friends, y descubro que me hacía falta uno de los que dejé puestos abajo (otra lección de esas que por mucho que te cuenten es mejor vivirlas para comprenderlas en toda su amplitud), veo un pequeño puente roca a mi izquierda y trato de meter un cordino, pero no me entra. Es en ese momento cuando decido mirar la distancia hasta el último seguro para descubrir que estará unos 5 metros por debajo, lo cual me convence de que es mejor seguir intentándolo con los fisureros. Miro a Pela y le digo “me mato”, pero de buen rollo, sabiendo que la cosa va en serio y que no hay otra opción que llegar a la reunión, la verdad que sin perder la cabeza en ningún momento porque no es un sitio para andar con pijadas. Total que malmeto un fisurero y soy consciente de ello, es decir, sospecho que no vale para nada pero me digo que sólo están ahí puestos de adorno y recuerdo una vez más esa frase de Rodri de que no se vale volar. Fliegen verboten!

 

Primera reunión

 

Sigo subiendo (aunque ahora pienso que sabiendo que el fisurero estaba mal puesto debería, primero no haberlo puesto por si lo necesitaba más arriba y segundo en cuanto pudiese, poner algo), me veo bien y hasta que no me lo pide la cabeza no pongo nada. Esta vez sí, meto un fisurero y tiro de él como un poseso para clavarlo todo lo posible. Llego al último paso antes de la reunión que es un mantel y cuando soy consciente de que tengo que hacer toda la fuerza del pie izquierdo, me paro, levanto el pie y miro a ver qué narices estoy pisando no vaya a ser que pierda pie y me dé la risa; un escalón tremendo, ya tranquilo (tampoco mucho porque no es que el mantel sea algo que practique normalmente) me levanto mientras pienso en el mantel del Cervino (así me funciona la cabeza), monto la reunión y le doy el OK a Pela para empezar a recoger cuerda y asegurarlo.

 

Sube Pela como un tiro y se dispone a ir de primero en el segundo largo. En la reunión decidimos que ya estamos suficientemente quemados (del sol, no de escalar) y que como no me veo preparado para abrir otro largo (más que nada tras haber constatado mi falta de pericia poniendo cacharros, ya que aunque no se pueda volar, si encima no metes seguros sí que estás jodido) bien podemos dar por concluida la actividad.

Recogemos y quedo completamente satisfecho con el día, aunque mis expectativas iniciales eran hacer 3 vías, con una y media repetición estoy contento y sobretodo, tras haber ido de primero en un largo. Viaje de vuelta animado y cuando me doy cuenta estamos llegando a casa (vaya bajón). La verdad es que el sol nos mató, porque de otro modo al menos hubiésemos repetido el Espolón Pioneros. Estoy contento porque la clásica es completamente diferente a lo que conocía y se acerca más a la idea que tengo de la escalada y porque lo pasé como los enanos. Espero la siguiente oportunidad de ir a hacer algo.

 

Aquí os dejo el time lapse de ese primer largo:

https://www.dropbox.com/s/3eqog1f6bbazeft/ESPOLON%20PIONEROS%2034.mp4